viernes, 18 de febrero de 2011

Gatillo fácil.

Cuando un agente policial mata a  una persona, en los medios comienza a retumbar la frase “GATILLO FÁCIL”.
«Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena »
 Martin Luther King
Cuando un agente policial mata a  una persona, en los medios comienza a retumbar la frase “GATILLO FÁCIL”.
No importan los antecedentes criminales del occiso, ni las circunstancias del hecho. Siempre se vuelca un manto de sospecha contra el personal policial actuante. Rápidamente aparecen los “caranchos”, abogados de mala catadura moral, que ofrecen sus servicios a los deudos, sin necesidad de adelantar un solo peso; después se arregla con un buen porcentaje de lo que se obtiene de indemnización. Lo único que se pide, es colaborar aportando testigos falsos. El resto lo aportan distintos personajes movidos por intereses económicos o ideológicos.
Grupos de izquierda, en su lucha contra el sistema democrático, tratan de destruir definitivamente  a las fuerzas de seguridad y policiales, y de inmediato convocan a marchas reclamando “Justicia” y “contra la impunidad”. A esas marchas obligan a ir a beneficiarios de planes sociales, y convocan a “Barras bravas” y a delincuentes de baja estofa, para aumentar el caos y rapiñar impunemente. Todos ellos unidos bajo la consigna de defender los derechos humanos.
Pero cuando la muerte es causada por delincuentes comunes, esos grupo, movilizadores y movilizados, “desaparecen”. Y no desaparecen victimas de alguna dictadura. Desaparecen por voluntad propia, por que a ellos les interesa  la inseguridad. Unos, los delincuentes, son los causantes de la inseguridad. Otros, exacerban la inseguridad para desacreditar al sistema democrático.
Por eso, ante los numerosos robos, secuestros, violaciones y asesinatos, las víctimas y sus familiares y amigos, quedan totalmente solos. Por ellos nadie levanta banderas de derechos humanos, ni exige castigo a los culpables. Por el contrario, los “desaparecidos”, cuando se ven obligados a “aparecer”, reclaman que no se “criminalice la pobreza”. 


Orlando Agustín Gauna

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