martes, 28 de junio de 2016

En el deporte como en la política


La Selección Nacional llegó a tres finales en la Copa América y una en el Mundial 2014, jugando en el equipo Leonel Messi. En las cuatro finales fue derrotado. Pero hasta momentos previos a esas finales, Messi era “Ídolo nacional”. Tras cada derrota, para muchos era un “leproso”.
Despreciado porque no había ganado la final la selección.
Son muchos los argentinos que se arriman a los ganadores y se alejan de quien pierde, aunque quien pierde no sea un “perdedor”.
El ejemplo cotidiano lo vemos en la política.
Juan Domingo Perón fue líder de multitudes hasta su caída en 1955 cuando pasó a ser el “tirano prófugo” y un teatro de la calle Corrientes en Buenos Aires, se llenaba todas las noches con gente deseosa de ver la comedia “El general rajó al amanecer”.

Entonces, las multitudes aclamaban a la Revolución libertadora, hasta su ocaso. Fue cuando, Perón dejó de ser el “tirano prófugo” para volver a ser “mi General”. Y esas mismas multitudes se alejaban de cada derrotado o destituido y se acercaban al nuevo “vencedor”. El golpe de Estado que llevó al poder al Proceso de Reorganización Nacional no fue la excepción. Esas multitudes que veían caer el poder de Estela Martínez de Perón con la escalada terrorista, pedían el golpe de Estado y cuando se produjo fue vivado públicamente hasta por el Partico Comunista. Pero en el ocaso del gobierno militar, no faltaban calificativos para denostar a los militares.
Alfonsín, aclamado por esas multitudes, en su ocaso debió entregar el gobierno antes de concluir el periodo constitucional. Ahora las multitudes eran Menemistas, y en su ocaso, “nadie lo había votado”. Con De La Rúa, se acabó la fiesta y debió escapar en un helicóptero ante la multitud enardecida.
Y llegó el Kirchnerismo que tanto había elogiado a Menem como “el mejor presidente que tuvimos los argentinos”, pero como perdedor, se había convertido en el Presidente de los `90, pese a que durante su gobierno el Partido Justicialista siempre tuvo al menos el 54 % de las bancas en el Senado y nunca menos del 45 % de las bancas en la Cámara de Diputados. Con el Kirchnerismo el Partido Justicialista era kirchnerista y condenaba a Menem.
Pero “a cada Santo le llega su San Martín” y al kirchnerismo le llegó el ocaso y poco a poco se va desmembrando. Nadie quiere estar junto a quien pierde, se llame Leonel Messi y Cristina Kirchner.
La única diferencia es que Messi a pesar de errar un penal, es un deportista exitoso y Cristina Kirchner durante su gobierno, era la Jefa de una banda de corruptos, una falsa abogada exitosa y hoy, si se hace justicia, una futura presidiaria. 
Orlando Agustín Gauna

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